Cuando Liliana desmejoró hubo que internarla rápidamente. Sus hijos la acompañaron y se quedaron a su lado todo el tiempo. Ella sentía que le quedaba poco tiempo, pero por alguna razón, al estar ellos presentes, sentía algo más de fuerza. Una tarde fue decisiva. Ella sintió que no volvería a verlos y se despidió a su modo. Ambos entendieron, y por eso se miraron entre sí un largo rato. Su madre sabía que los gemelos idénticos manejaban una suerte de telepatía, aunque con ellos llegaba a sorprenderla cómo prescindían de palabras la mayor parte del tiempo. Los había nombrado con nombres bien diferentes (no le agradaban los casos que conocía en que tenían nombres muy similares), y los vestía distinto desde siempre, pero ellos seguían demostrando tener una unión que escapaba a su comprensión.
Tras media semana (o lo que a ella le parecieron tres o cuatro días) se le oscureció la mirada, y solamente deseaba que no la vieran partir. Lo último que vio fue una lágrima caer de una de sus caras, aunque no la miraban a ella, sino entre ellos.
Al día siguiente se despertó. Estaba sorprendida, y se sentía extraña. Más fuerte de lo que se había sentido en mucho tiempo. David, uno de sus hijos, se acercó rápidamente. Pudo acariciarlo y le preguntó por Migel, su hermano. Le dijo que estaría bien pronto. Sólo habían tenido que revisarlo.
Más tarde el médico que la atendía le dijo que en realidad su hijo había tenido un paro, pero había sido breve, lo habían reanimado, y ahora solamente le esperaban unos días de observación. Algo extraño, pero posible en casos de estrés. Es muy común que en el caso de gemelos uno no sea tan fuerte. Ella pensó que ese siempre había sido David, pero omitió el comentario.
Al regresar a casa vio a los jóvenes detenidamente. Algo había cambiado pero no podía identificar qué. Solamente pudo pensar en su viejo amigo obstetra. No lo veía desde el embarazo, cuando había tenido que derivarla por temas personales.
Él la recibió en su casa. Le preguntó por el padre de los chicos (ausente ya hacía mucho), y finalmente le preguntó por “el trío dinámico”.
_ Te estás confundiendo. Mi embarazo múltiple era de dos.
_ No Lili, los trigemelos son algo muy extraordinario, no me confundiría…
_ No…
Él se veía confundido, pero Liliana sintió una suerte de epifanía.
Volvió a su casa sintiéndose mareada, a punto de desvanecerse. Sin levantar la voz,para no llamar la atención, como en un susurro, dijo “Miguel”. La reacción fue tardía, y hasta le pareció que su hermano le indicaba que debía mirarla.
Miguel siempre había sido el más fuerte, el más decidido, quien parecía tener el doble de poder. Y ahora era él, ese extraño que la miraba a destiempo, quien se veía igual que su hijo, sólo por un detalle, lo que la había estado perturbando. El chico ya no llevaba su doble fortaleza, ni aquel extraño lunar.
Esa noche, mientras se dormía, escuchó un sonido de guitarra. David había vuelto a practicar, e intentaba enseñarle algo a su hermano. No entendía mucho de lo que hacían, pero sí escuchó lo fundamental. Era una nueva pieza compuesta por tresillos. Esa figura que coloca tres (generalmente corcheas) en un espacio de dos.