sábado, 2 de mayo de 2015

II

La miraban y murmuraban. Las actitudes eran siempre las mismas. Cada tanto alguno se sentía con el derecho a romper la barrera del tacto sin consentimiento ni excusa previa. Era siempre lo mismo. Ella sabía perfectamente que estaba muy lejos del modelo de belleza más buscado, y sentía que por tener unos kilos de más la veían como presa fácil, alguien que no tiene derecho a reclamar ni hacerse respetar. Era como si le dijeran "¿Cuanto querés? No podés pedir mucho...".

Al principio no les prestaba atención, pero ya hacía tiempo que había finalizado su última relación, y su potencial sexual se veía inhibido por el acoso constante de quienes la rodeaban. Lo dijo a algunas amigas, pero hablarlo ya no la tranquilizaba como antes. Y en su familia jamás preguntaban siquiera "¿Cómo estás?". Y por eso se sintió tranquila... Jamás le preguntarían el por qué de sus manos temblorosas, la procedencia de aquella carne tan particular, ni las manchas en su ropa, cuando volviera aquella tarde de estudiar...

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