lunes, 4 de diciembre de 2023

La Difunta

  Los tres hermanos se congregaron alrededor de su madre. Ya era muy duro verla así, muerta. Menos podían moverla. Por eso habían decidido velarla ahí, en su cama. El olor de las rosas que se marchitaban parecían darle vida extra al empapelado ya descolorido y la habitación oscura. Habría tiempo para más después. Quizás le encargaran a Marcos, el hijo descarriado que ni se había presentado, el resto de los pormenores.

Primero se desmayó Lucía, la menor. Candela quiso asistirla, pero empezó a temblar y se desvaneció también. Juan, quien no sabía qué hacer, empezó a ver borroso, pero todavía pudo ver al cuerpo de su madre incorporándose a la luz de la vela, antes de caer al suelo. 

“Hijo, no te preocupes. Era obvio que me querían envenenar, y por eso cambié las botellas de whisky. En la mía quedó solamente el relajante que me dio tu hermano, para que creyeran que ya estaba hecho… Lo harían pasar por suicidio, pero ahora se verá que fue tu intención matarte después de hacérselo a tus hermanas. Sabía que ibas a aguantar hasta lo último, y a vos te lo quería decir. Mamá siempre sabe…” 

El mayor de los hijos vio su sonrisa tenue diluirse en la penumbra que se lo llevaba, y solamente escuchó la puerta que se cerraba.



Se publicó en "Una Madre Siempre Sabe", De Petricor Ediciones, 2023

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