lunes, 4 de diciembre de 2023

Tinta

 Se trataba de un escritor. No, de un escritor no, no lo era. Era tan escritor, como inventor, como todo lo que había soñado. Se reinventaba. Pero ya había sido escritor la última vez, así que se trataba de algo distinto. Quizás un escultor. Un escultor con una copa de vino (la sola idea le resultaba ridícula, ya que no tenía capacidad para eso, pero debía continuar).

Era entonces un escultor, con una copa de vino, y seguramente un secreto. Se preguntó cuál podría ser, pero pensó que quizás no debía saberlo.

Prosiguió con el ritual. Se puso sus ropajes verbales, se bañó en tintas, y saltó al papel. 

No entendió cómo, pero otra vez acabó en tintas rojas. Su personaje bañado en sangre, y él, pluma en mano, sosteniendo una figurilla de madera en la siniestra. Otra vez a limpiar los cortes, desinfectar los utensilios, y destruir el manuscrito.


El aumento de la dosis no había bastado, y otra vez, sonaba la alarma en la enfermería.



Se publicó en "Cuentos Obstinados", De Editorial Dunken, 2018


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